viernes, 23 de agosto de 2013

Manjar para diosas

Por @socioadicto


[Cuento] Llevaba como podía, los atriles para la improvisada exposición. El recorrido del vehículo hasta el lugar escogido, se le hacía extenuante. Más que mal, se encontraba solo frente aquella multitud, sin más que la dicha de sentir la emoción de lo aparentemente prohibido.
La plaza ese día estaba radiante, niños corriendo por todos lados, parejas disfrutando al ritmo del organillero, viejitos tomando el sol, en fin…todos parecían disfrutar de aquella mañana de agosto. Sin embargo, el día había comenzado temprano para él. Se había dirigido desde su casa rumbo al departamento de su amiga.
Durante el viaje, aunque se replanteaba los objetivos de su misión, ya era tarde para echar pie atrás, ¡que suceda lo que suceda!, exclamó. Sin embargo no era tan así.  Daniel era un tipo precavido, tampoco dejaría todo al azar.
Camila se despertó cuando golpearon la puerta, ¿Tan temprano, que haces aquí? Preguntó bostezando. Te quiero pedir un favor, contestó Daniel. Es sólo que me guardes con mucho cariño, este pequeño regalo. Camila extrañada, recibió el objeto envuelto en papeles de muchos colores, solo se podía percibir que era algo redondo y alargado, algo así como una botella.
Daniel le dio un beso en la mejilla y se largo raudamente, sin más explicaciones. Camila sólo atino a dejar el objeto sobre la mesa de estar, sin entender aún que sucedía. Seguramente después vendrán las explicaciones, pensó, y se largo nuevamente a su cama.
Más tarde, una vez armados todos los atriles en la plaza, Daniel se dirigió por última vez al vehículo y como pudo trajo consigo una gran bolsa negra con forma rectangular. Montó 2 fotografías por atril ocultando una tras de otra. Luego de instaladas todas, procedió a mostrarlas al público, invitándolos a acercarse mediante un megáfono.
La gente se acercaba y al principio no pareció creer lo que veía. Eran robustas plantas fotografiadas, cada una con un color y vigorosidad única. Majestuosas se alzaban las flores a la luz, sorprendiendo incluso a los más aparentemente experimentados. Caramelos, frutas tropicales, frutas prohibidas, algunas con nieve y una variedad mágica en tonos verdes, inundaban y enriquecían las imágenes.
Cada vez se acercaba más gente pare ver la presentación, de lustrabotas hasta ejecutivos que incluso parecían ir atrasados a su trabajo. Mientras, Daniel comenzaba a leer con voz firme y segura un papel que había sacado de su bolsillo. Era un comunicado sobre la injusta condena que había recibido su hermano por jardinear en su casa, como lo llamaba simpáticamente él.
Como era de esperar, no todo podía salir a la perfección. A lo lejos se escuchan ruidos de motores y colores de balizas rebotando en todas partes, que lo pusieron intranquilo. ¡Era el momento!, Daniel salta y deja a la vista las fotografías que se encontraban detrás de las imágenes de tan espirituales plantas. Las nuevas fotografías correspondían a detenciones hechas por policías, donde se veían claramente situaciones comprometedoras en que efectivos policiales incautaban marihuana para que luego, mágicamente o aparecieran menos gramos de lo que era en realidad, o directamente más de lo que había en cuestión, cuando querían inculpar a alguien.
Las personas quedaron impactadas ante tal “revelación”. Unas no querían creer y simplemente se largaban, otras gritaban a favor de su despenalización, y unos cuantos comenzaban un debate acalorado en torno al tema. De todas formas, el objetivo estaba cumplido, pero ¿qué pasaría después de todo?. Tal vez un despertar de la conciencia… aunque lo más próximo que se vislumbraba, eran 6 policías que a paso agresivo se dirigían hacia Daniel abriéndose paso entre los asistentes.
Había llegado el momento de enfrentarlos cara a cara, y luego de un ir y venir de argumentos colosales, llegaron los empujones, luego los gritos, luego los insultos, luego la detención. Daniel no se sorprendería si lo encarcelaran, si allanaban su hogar, si hasta incluso lo torturaran por saber el origen de las fotografías.
Después de todo, había alcanzado a guarecer una de sus principales pistas que lo podrían llevar a un enjuiciamiento mayor. Sabía que corría peligro, pero siempre pensó que había hecho las cosas bien.
Tres días más tarde de aquel episodio, Camila se encontraba en su departamento invadida de visitas que la querían saludar por su cumpleaños. De momento, la situación se había transformado de un simple saludo, a algo más parecido a una fiesta carnavalesca donde todo el mundo espera con ansias su llegada. Camila era muy cercana a sus amigas de la infancia, y siempre estaban para las fechas importantes a pesar de la distancia, esta vez no podía ser la excepción.
En un momento de la noche, Blanca se dirige hacia la mesa de estar y cambia la radio de estación. En ese instante, divisa a su lado un envoltorio colorido con una forma un tanto particular en su interior. Blanca le pregunta a Camila, por dicho objeto, mientras ésta con júbilo, salta de su sillón por la canción que comenzaba a sonar.
De pronto, se interrumpe la música para dar un resumen noticioso de última hora. Entre el murmullo, Camila logra poner atención sin querer a lo que el periodista comenta. Se trataba de un joven que había presentado fotografías en la plaza de la ciudad con relación al tema de las drogas y la policía, y que había sido puesto a disposición de la justicia, donde el día de mañana debía enfrentar a los tribunales. Camila se acerca a un más a la radio para escuchar mejor, cuando en ese momento nombran a Daniel con apellido y todo.
Camila no lo puede creer, ¿Será acaso posible? ríe algo nerviosa y su mirada rápidamente penetra el envoltorio de aquel objeto entregado por Daniel. Se lo arrebata a Blanca de las manos, mientras comienza con algo de desesperación a destrozar aquel bello envoltorio de colores.
En su nerviosismo se le resbala de las manos y un frasco de vidrio hace estruendo en la sala, mientras todos dan la vuelta a mirar la escena. Camila lo recoge, lo mira con sus inmensos ojos y lo  abre apresuradamente para luego llevárselo a su nariz. Su alma no cabe de regocijo, ¡¡Que delicia!! Exclamó frente a todos, aun sin dimensionar lo que estába entre sus manos.
Sus amigas se acercaron sorprendidas, sin entender aún de que se trataba todo el alboroto. ¡Era un regalo mágico, como caído del cielo y justo en el día de su cumpleaños! Como quien se sienta en una mesa larga para disfrutar del banquete, los invitados proceden a tomar sus lugares en el comedor, sin muchos saber que aquel viaje sería distinto a cualquier otro.
 Unas tijeras, papel de liar y el infaltable fuego acompaña la ceremonia. Camila retira con sumo cuidado un abultado cogollo que resplandece a la luz. Era el momento adecuado para iniciarse en esta aventura extraordinaria. Mientras se lleva el cigarrillo a la boca, piensa en lo que vendrá, en las sensaciones que experimentará, piensa en Daniel y le da gracias por esta oportunidad, se imagina que en un par de días estará riendo junto a él en un precioso lugar, contándose mutuamente sus recientes experiencias. Sabiendo ambos que nunca se debe perder la fe en las buenas causas.

Bota las cenizas en una concha de mar  y le pasa el cigarrillo a su compañera de al lado, para luego liberar el humo que se escabulle de sus pulmones

¡¡Manjar de diosas!! grita con gran emoción, mientras las risas ensordecen el ambiente. La fiesta está recién comenzando.
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